de Sófocles (versión de
Iánnis Zómbolas)
PERSONAJES
EDIPO
(Idípus)
YOCASTA (Iocásti)
ISMENA
(Ismíni)
Los caracteres utilizados serán los latinos y según la fonética
castellana, excepto la "Zíta" griega, que no tiene correspondencia
con el castellano, suena como la "Z" de "Zoo" en inglés, y
será reemplazada aquí por el carácter "$". Cuando el texto no sea
ni castellano, ni griego moderno, sino griego antiguo, irá entre comillas. Las
llamadas (asterisco con número) remiten a la traducción aproximada del griego
antiguo o moderno que no esté inmediatamente traducido por algún actor.
Esta versión desarrolla la acción como una mirada muy personal y
desordenada que una joven argentina de origen helénico va teniendo al hojear,
en la intimidad de su habitación, una versión trilingüe –griego clásico /
griego moderno / español- del "Edipo Rey" de Sófocles, editada con
resumen argumental y comentarios en castellano. Los personajes originales de la
tragedia participarán de la acción tal como ella los va imaginando, y serán
asumidos por los tres actores que encarnan a los personajes arriba mencionados.

PROLOGO
(Fondo negro. A la izquierda, en el piso, un radiograbador adelante con
un pequeño bafle, al lado un gran almohadón y detrás de ambos, un póster en
bastidor cubierto por una tela blanca; a la derecha, el otro bafle, y más hacia
el centro, tres bancos de madera, el del medio un poco más alto que los otros
dos, también cubiertos por una tela. Penumbra. Entra Ismena, y prende la única
luz central. Lleva ropa moderna y un gran bolso, con actitud de venir cansada de
la calle. Deja el bolso al lado del almohadón, se desploma sobre uno de los
bancos y se queda mirando por un largo rato el vacío. Luego se para, se mira y
arregla un poco en el supuesto espejo que está en la "cuarta pared",
en el lugar de los espectadores, y queda parada en el centro de la habitación,
ensimismada. Súbitamente se decide, va y prende el grabador. Se escucha la
movida música "Tríki Tríki". Se anima, distiende, y saca la tela
que tapaba el póster, dejando ver una clásica imagen turística con la leyenda
"Greece").
(Baila animadamente y ensaya poses frente al espejo,
mientras, atrás, entran juntos Edipo y Yocasta con coronas blancas unidas como
dos griegos recién casados de mediados de siglo XX y se apostan tras el banco más
alto como si fuera una foto de casamiento (ella viste de negro, él, de camisa
gris y pantalón negro). Ismena saca del bolso un gran libro, al cual besa, y
muestra su título: "Idípus Tyránnos". Finalmente, se recuesta en el
almohadón, dispuesta a leer. Abre el libro en una de las últimas páginas, y
la música se va esfumando. Mientras, Yocasta toma la tela que tapaba los
bancos, se la pone como si fuera una túnica antigua, y se para sobre el banco
del centro, como una estatua clásica y señalando a Edipo, el cual fue al banco
de la izquierda y se arrodilló encima, tapándose los ojos en postura trágica.
Ismena pone la pausa en el grabador, y mueve los labios como si estuviera
leyendo. A medida que avanza el texto de Yocasta, Ismena va gesticulando cada
vez más ampulosamente, parada ante el espejo) 
YO "O
pátras zíbis éniki, léfset, Idípus óde,
osta clín enígmat ídi, ke crátistos ín anír,
utís u$ílo politón in tíjes epiblépon,
is óson clídona dinís simforás elílizen,
óste znitón ond ekínin tin deleftéan ídín,
iméran episcopúnda midén olbí$in, prín an
térma tu bíu perási midén alguinón bazón."
(Habitantes de mi patria Tebas: mirad a Edipo hoy, fue el mejor en resolver
enigmas, pudo llegar a ser el más alto. El que lo miraba sentía envidia
por su dicha y altura. Y ved a qué abismos lo precipitó la rueda del Destino.
A quien no vio todavía la luz del día final jamás lo llaméis dichoso,
dejadlo ir al seno de la muerte sin haber gustado la amargura del dolor de la
vida)
(Ismena se sienta, cambia de página, y Edipo se descubre los ojos y
habla al público, de un modo sumamente natural)
ED Oli
emís xérume ton Idípoda...
IS Todos conocemos a Edipo...
ED Ke to Sofoclí,
ke to Fróid, ke ta lipá...
IS Sófocles, Freud, etcétera...
ED Alá, ¿guiatí xanaguirí$ume..?
IS Pero, ¿por qué volvemos..?
ED Páli ke páli...
IS Una y otra vez...
ED Ke acóma mia áli forá.
IS Y una vez más.

(Ismena saca la pausa del radiograbador y se escucha el jasápiko
"To Peproméno", por Dalaras. Edipo se para y señala al aire, como
diciendo al público que escuche la letra, la cual va siendo semicantada por
Ismena, quien cerró el libro. Edipo baila, solo)
TO PEPROMENO
Sto peproméno su na dínis
simasía,
ke na proséjis pos badí$is ti
$oí,
otan kimáse álos gráfi istoría,
ke kápios pé$i ti dikísu ti
$oí.
("A
tu destino dále importancia, y cuidá cómo vas por la vida: cuando dormís,
otro escribe historia, y algún otro te actúa tu propia vida.)
Oli éjume graméno pu to léne
peproméno
ke kanénas de borí na t'apofígui.
Den ipárji zeoría, úte tréna,
úte plía,
ke o kazénas to palévi ópos
xéri ke borí.
Apo pedí sto oniromu éblepa
fotiés.
(“Todos
tenemos escrito aquello que llaman destino, y nadie puede evitarlo: no hay teoría,
ni trenes ni barcos, y cada uno se las arregla como sabe y como puede. Desde
chico, cuando soñaba, veía luces...”)
Guia tin agápi osa kian dínis
íne líga,
ke na to xéris pos den éji
andamibí,
dósta ke fígue na min jánis
efkería,
sto perifório mi bá$is tin
psijí.
(“Por
amor, cualquier cosa que dés es poco, y, sabélo, no hay recompensa. Da lo que
tengas y andáte, no pierdas la oportunidad: no dejes tu alma al margen.”)
Oli éjume graméno pu to léne
peproméno
ke kanénas de borí na t'apofígui.
Den ipárji zeoría, úte tréna,
úte plía,
ke o kazénas to palévi ópos
xéri ke borí.
Apo pedí sto oniromu éblepa
fotiés.
(“Todos tenemos escrito aquello que llaman destino, y nadie puede evitarlo: no hay teoría, ni trenes ni barcos, y cada uno se las arregla como sabe y como puede. Desde chico, cuando soñaba, veía luces...”)
(Edipo luego de hacer unos pasos de baile, solo, da cuenta de la
presencia de Yocasta. Se para, se le acerca, se le aleja una y otra vez
siguiendo sentimientos e impulsos encontrados. Finalmente, le saca la tela que
ella usaba a modo de túnica. Luego la toma y baja del banco, y la hace sentar
en el mismo. Sigue bailando solo, en el centro de la escena, y dándole la
espalda. Sobre los últimos acordes de la canción, Ismena retoma el libro y lo
abre en las primeras páginas)
(Se empiezan a escuchar voces superpuestas de locutores radiales en
griego y en castellano, dando noticias sobre los problemas de Grecia y Chipre
con Turquía y la OTAN. Los actores escuchan con atención. Comienzan a
escucharse también los acordes del lamento de "Rembétika", de
doloroso sabor balcánico. Edipo se pone la tela como túnica y una pequeña
corona dorada y se para majestuosamente sobre el banco más alto. Yocasta se
para y va por detrás de los bancos al póster, saca por detrás una máscara y
se la pone, así como la otra tela que tapaba al póster, como túnica. Una vez
que se desvanecen las voces de los locutores, Ismena lee en voz alta)
IS
La peste asola a la ciudad de Tebas. El pueblo se reúne alrededor de su
rey, Edipo, para pedirle una solución.
(Se escucha el coro del lamento de "Rembétika")
ED
Pediámu, aptinbaliá fítra tucádmu néa gueniá, ¿guiatí stoméros túto
cázeste me stefánia ke kladiá ikesías? Edó írza o xacusménos opos óli lén
Idípus.
(Mis
niños, generación renovada del antiguo linaje de Cadmo, ¿por qué en este
lugar permanecen portando cintas y ramas de olivo? Aquí llegó el renombrado al
que todos llaman Edipo)

(Yocasta, portando una rama de olivo, se adelanta hasta debajo de
Edipo)
IS
Tormenta de males cae sobre la ciudad: ¡está abrumada! La sumerje un
oleaje de sangre, y no puede alzar la cabeza entre las ondas turbulentas. ¡Es
la peste, la tremenda peste!
ED
Légue mu, guéro, esí, guiati su prépi na milísis guiaftús, ¿guia
pián etía sinajctícate edó? Zélo sta pánda na sindréxo: ásplajnos za ímun
an dé lipómun tétia mirológuia. *4
(“Díme,
viejo, tú, ya que debes hablar por éstos, ¿por qué motivo se reunieron aquí?
Quiero en todo ayudarlos: ¡qué insensible sería si no me conmoviera ante
tales lamentos!”)
IS
Los frutos de la tierra en su mismo tallo se secan. Los rebaños que van
por la pradera caen inertes ante la muerte. Y lo más duro y cruel: los recién
nacidos mueren en brazos de sus madres. ¡Los dioses, ardiendo fuego, acosan la
ciudad!
YO
Oh, Idípu, basiliá tisjórasmu, ólus, cáze ilikía, mas blépis
cazisménus triguíro stu$bomúsu. Ki ópos to blépis, paradérni i póli,
kiaptu$bizús tis fonikís furtúnas den borí nasicósi tokefáli napári anása.
(“Oh,
Edipo, rey de mi patria: a todos, y de toda edad, nos ves aquí reunidos en
torno a tus altares. Y, como ves, agoniza la ciudad, y desde el fondo de los
golpes mortales de la tempestad, no puede levantar su cabeza”)
IS
Edipo poderoso, alguna vez nos salvaste la vida. Ahora venimos a tí
suplicantes: ¡debes hallar un remedio! Reinar sobre hombres: esa es la grandeza
de un rey. ¿Quién quisiera reinar en un desierto desolado?
ED
Pediámu dístija, írzate $itóndas gnostá semé, óji ágnosta. Madenbásjete
saneména, guiati esís monája todicótu niózi ocazénas póno, maipisjímu,
guiasé, guiamestená$i, guiatinbóli. Mázete pos perísia éjo dacrísi, kionúsmu
pígue kírze apotinégnia seplízus drómus.
(“Mis
niños desafortunados, vinieron suplicantes a mí, y conozco vuestros males,
nada ignoro. Pero nadie sufre como yo, porque ustedes, cada uno siente sólo su
dolor, pero mi alma, sufre por ti, por mis propios lamentos, por la ciudad.
Sepan que mucho he llorado, y que mi mente estuvo yendo y viniendo por las
calles del dolor del pueblo”)
(Termina la música; Ismena aprieta la pausa)
IS
Edipo anuncia al pueblo que ha encontrado finalmente una solución, y que
ya puso manos a la obra: envió a su cuñado Creón a la Pitonisa a consultar el
oráculo acerca de lo que hay que hacer, qué determinación tomar para alcanzar
que la ciudad, de la peste, sea salva.
(Yocasta se desprende de sus atuendos de corifeo, deja la máscara trágica
colgada de cara al público en el bastidor, y va a ponerse los de Creón: barba
y bigotes juveniles, y una camisa idéntica a la que usa Edipo. Mientras, Edipo
se saca su túnica y se sienta en un banco, usando el más alto a modo de mesa,
tomando un trago en actitud de espera)
IS
Y le dan la noticia: ¡Creón regresa!
Hay gran expectativa: Edipo y el pueblo todo
imploran a Apolo que el mensaje que trae Creón
sea afortunado para salvar a la ciudad.

ED Arjontiké
aderfému, (Se abrazan) ¿sandí jrismó apotozeó masférnis?
(“Distinguido hermano, ¿qué oráculo del dios nos traes?”)
YO Kaló.
(Edipo le sirve un trago) Zaró ketásjima otan éjun télos kaló, kalá íne tótes
óla.
(“Uno bueno. Creo que los males, cuando terminan bien, fueron entonces
bienes”)
ED ¿Kepiá
imandía? Guiatiósa ípes, úte záros mu dínun, úte fóbos.
(“¿Y
cuál es la profecía? Porque lo que dijiste, no me conforta ni me inquieta más
de lo que estaba”)
YO Anzés,
brostá saftús nasumilíso, étimos íme, aliós mésa na páme.
(“Si quieres, te hablo frente a éstos, estoy
listo, de otro modo vámonos adentro”)
ED Brós
sólus natapís. Ponáo guiatútus persótero pará guia ti$oímu.
(“Habla frente a todos. Sufro más por todos que
por mi propia vida”)
YO Aptozeó
tiácusa suléo.
(“Te diré lo que escuché del dios”)
(Ismena saca la pausa y se escuchan los acordes y primera estrofa de
"Ta pséftica ta lóguia" -“Las
grandes palabras mentirosas mamaste desde tu primera leche...”-, de "Mána den éjo spíti" de "Rembétika".
Ismena escucha la música, gesticulando. Edipo
profiere en exclamaciones -“¡Pó
pó pó pó!”- y comienza a bailar con Yocasta un complicado
jasápico compadrito, como en una taberna. Se escucha de nuevo "Ta Pséftika...")

YO
Omégas fíbos cazará prostá$i nadióxume tomíasma pu mésa stijóra
etúti zréfete kemíte natafísume aguiátrefto naguíni.
(“El
gran Febo claramente ordena que expulsemos la mancha que corroe a la patria por
dentro, y que no la dejemos porque se volverá incurable”)
ED ¿Ke
me pió kazarmó za litrozúme?
(“¿Y con qué purificación nos liberaremos?”)
YO
Ton énojo exorí$ondas í páli to fonikó plirónondas me fóno, guiatí
to éma aftó trói tondópo.
(“Desterrar
al culpable, o que de nuevo el asesinato con muerte se pague, porque esta sangre
devora el lugar”)
(Orquesta; Ismena va desplegando al público una cartel que dice:
"LOS DIOSES NOS IMPONEN CASTIGAR A LOS ASESINOS DE LAYO, EL REY QUE
GOBERNABA ANTES QUE TU". De nuevo, "Ta pséftika ta lóguia",
mientras siguen bailando)
YO
Prin aposéna oláios, basiliámu, cápote kibernúse aftín dinbóli.
Ton scótosan ketóra mas prostá$i xecázara ozeós naecdikizúme tus foniádestu,
ópi ináne etúti.
(“Antes
que tú, Layo, oh mi rey, alguna vez gobernó esta ciudad. Lo asesinaron, y
ahora nos ordena claramente Dios que castiguemos a sus asesinos, sean quienes
fueren”)
ED ¿Ala
pú íne aftí? ¡Fónos paliós!
(“¿Pero dónde están ellos? ¡Antiguo crimen!”)
YO Saftín
ípe tijóra; ó tiguirévis, to brískis.
(“Dijo que en esta tierra: lo que se busca, se
encuentra”)
(Orquesta: terminan el jasápico, sigue el lamento de "Mána, den
éjo spíti". Yocasta se aleja de Edipo, se queda mirándolo un rato y
luego se saca los atuendos de Creón)
ED
Tóte aptinarjí zaxanaféro stofós etúta egó. Lipón, zamedíte kieména
símajósas naboizáo tijóraftí ketozeó. Kióji guiatijári macrinón fílon,
ma guia metonídio. Guiatiópios kianíne ofonástu, borí kiemé nazéli mómio
trópo na blápsi. I zasozó metozeó boizó, í zafanistó.
(“Entonces
desde el principio voy a volver a traer luz sobre todo ésto yo mismo. Bien, me
van a ver a mí, como un aliado, ayudar a la ciudad y a Dios. Y no para darle el
gusto a lejanos amigos, sino para mí mismo. Porque aquél que fue su asesino,
puede también a mí del mismo modo fulminar. Y, o lo logro, o perezco”)
(Ismena pliega nuevamente el cartel)
IS (Al público) Nadie sabe quién mató a Layo. Murió antaño camino al oráculo, él y toda su comitiva. El único sobreviviente, demasiado aterrado como para hablar con claridad, culpó a una gavilla de ladrones. Pero nadie se ocupó del asunto, dado que la Esfinge asediaba por entonces a la ciudad. Edipo les promete resolver este otro enigma, y liberar al pueblo así, una vez más, de su desgracia.
(Con el esfumado de los últimos acordes, Yocasta saca el banco de la
izquierda, lo lleva al centro, y sobre él mima la acción de preparar
kurambiedes, típicas galletitas de Navidad, mientras recita, trágica, como en
un conjuro de intensidad creciente. Edipo, sentado en el otro banco, juguetea
con su komboloi -rosario turco-, nervioso. Ismena se le sienta a los pies,
infantil y admirativa, y él le enseña a manipularlo y hacer cabriolas
exhibicionistas con el mismo)
YO
"Ektétame foberán fréna, dímati pálon, íe dálie peán,
¿amfí sia$ómenos tíminéon, iperiteloménes óres pálin exanísis jréos?
Ipémi, ojriséas técnon elpídos, ámbrote fáma... Líki ánax, táte
sajrisostrófon apanguilán bélea zélim anadámat endatísze arogá prostazénda,
táste pirfórus artémidos églas, xínes líki órea diási. Ton jrisomítran
tekiclísco, tasdepónimon gas, ínopa bácjon évion, menádon omóstolon
pelaszíne flégon daglaópi... Péfca pitonapótimon enzeís zeón."
(“Mi
mente, hundida en el espanto, empuja a mi corazón. Oh, dios de las horas
negras, oh Delio de los cantares, ¿qué respuesta trae tu oráculo? Me
estremezco de terror ante tí, dios de la salud. ¿Qué vas a imponer a nuestros
hombres? ¿qué don nos vas a pedir? ¿Harás que lo ya olvidado, a vivir torne
otra vez? ¡Habla, palabra inmortal, hijo de la áurea esperanza: di tu oráculo!..
Oh, Licio dios, o defensor Apolo... salgan ya de tu arco los dardos invencibles.
Ve por delante frente al enemigo. Dardos también Artemis, que con ellos
destruye centelleante en los cerros de Licia. Venga también el de los rizos de
oro, Baco, el triunfante, rubicundo y bello, él que en orgías se place, él
que a todos en locura enciende, llegue y sus bacantes, las errabundas Ménides,
hasta nosotros vengan. Alce radiante antorcha contra los turbios númenes que
nos destruyen, y que sea, para todos los adversos, oprobio y baldón”)
ED
¡Ná, koritsákimu! (con fuerte acento de inmigrante) ¿sabías que el
gran escritor arguendíno Iórgos Luis Bórges dijo que todos, o sea todo el
mundo, somos todos griegos?
YO ¿Ah
sí, che? ¿Y sabías que Fróid dijo que todos somos Edipo?
(Ismena y Yocasta prorrumpen en carcajadas. Edipo, enojado, da un golpe
y se para)
ED ¡Aftá
zapó, parólo púme xénos stalóguia tujrismú, xénos stofóno!
(“¡Les diré lo siguiente, pese a que soy ajeno a
las palabras del oráculo, ajeno al asesinato!”)
(Ismena, asustada, se le para al lado y repite en espejo los
movimientos e inflexiones autoritarias de Edipo)
ED ¡Tóra,
púguina pia polítis mestusálus, sólusesás, zibéi, etúta léo!
IS ¡Ahora, como un ciudadano más, a
todos ustedes, tebanos, les digo lo siguiente!
(Los textos siguientes de Edipo e Ismena son dichos en forma casi
superpuesta)

ED
Opios gnorí$i piós éji scotósi toláio, tonbrostá$o na mutafanerósi
óla.
IS
Al que sepa quién mató a Layo, le ordeno que todo me lo revele.
ED
Kean fobátefoniá napí toneaftótu, na min éji fóbo, cacó canéna dé
zapázi: masfália zafígui apotijóra.
IS
Y si teme morir por decirlo, que no tenga miedo, nada malo habrá de
sufrir: seguro podrá salir de la ciudad.
ED
Al ansopásete ómos kekápios, í apofóbo guiatofílo, í guiaton eaftótu,
acúste tí zacáno:
IS
Pero si alguno se empeña en callar, temiendo por un amigo, o por sí
mismo, oigan mi resolución:
ED
Prostá$o, aftón tonándra, ópios kenáne, kanís stijóra edó pubasilévo
mín dumilái, ki óli macriá aptaspítia natondiójnun, ti etútos íne guiamás
tomíasma.
IS
Ordeno que a ese hombre, sea quien sea, nadie en esta tierra sobre la que
reino, le dirija la palabra, y que todos lo expulsen lejos de sus casas, que él
es para nosotros mancha.
ED
Ki éfjome ekínos pu épraxe tofóno, tin ázlia $oítu nateliósi frijtá.
IS
¡Y le deseo, a aquél que cometió el asesinato, que su vida miserable
termine horriblemente!
ED
Ki óli esís, sas exorkí$o, etúta napráxete keguiadikímu jári, ke
tuzeú, kiaftís tisjóras, pu étsi rimá$i.
IS
A todos ustedes los conjuro a que esto realicen tanto por mi bien, como
por el de Dios, como por el de esta patria, tan devastada.
ED
Ki ósi den bráxun túta, miakatára tu$díno: ¡izeí natus jtipísi
jalasmós san dondorinó, kiakómi frijtóteros!
IS
Y a quienes no cumplan, los maldigo:¡los dioses los abatan con desastres
como esta peste, o mucho más terribles!
(silencio)
YO
(Muy enojada) Deméno, kazós méjis, basiliámu, metingatárasu, étsi
zamilíso. Den écana tofóno, kiúte xéro napó guiatofoniá; éprepe ofíbos,
pu édose tojrismó, nafanerósi piós éji cáni aftó tapésio érgo.
(“Una furia, así como me
tienes, mi rey, con tu maldición, así te hablo. No cometí el asesinato,
ni tampoco sé
decir nada sobre el asesino. Tiene que Febos, quien dio el oráculo, iluminar
quién realizó este
siniestro trabajo”)
ED (Sobrador)
Talóguiasu sostá.
(“Tus palabras son exactas”)
(Edipo, va, muy compadrito, a hablarle a Ismena, mientras Yocasta, de
espaldas y detrás del póster, comienza a vestirse como Tiresias)
ED
Xéro pos omegálos tiresías gnorí$i ósa kiofíbos. Keópos mesimbúlepse
kiocréon, tu éstila dío anzrópusmu, kipárji kiólas aftós pu zafanerósi
óla.
IS
Así como los dioses dieron su dictámen, el gran Tiresias, rey del oráculo,
podrá esclarecernos sobre el autor del crimen. Mandé a buscarlo por consejo de
Creón, y ya está aquí.
ED ¡Ná,
tozeópnevsto odigúne mándi!
IS
¡Divino vidente!
ED Tútos
monája xéri tinalízia.
IS
Él, solamente, sabe la verdad.